Comunión Anónima

“23 Yo recibí del Señor lo mismo que les he ensenado a ustedes: Que la noche que fue entregado, el Señor Jesús tomó pan,” 1Cor11:23 Versión Reina Valera Contemporánea.

Fácilmente uno de los pasajes más conocidos en la iglesia Cristiana. Los católicos, episcopales y ortodoxos lo repiten en cada misa. Los protestantes lo leen, seguido por un sermón sobre el tema, por lo menos una vez al mes.

Fácilmente uno de los pasajes más mal-interpretados. (Y aquí les va otra mala interpretación.)

Los católicos le hacen énfasis a la transformación del pan en el cuerpo de Cristo. Los protestantes le hacemos mucho más énfasis al versículo 27: “Así que cualquiera que coma este pan o beba esta copa del Señor de manera indigna será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.” Más que “en memoria de Él,” se pasa todo ese servicio meditando sobre nuestros pecados.

En ambos casos hay una interpretación cuasi-mágica del pasaje. La hostia se convierte en Cuerpo de Cristo mágicamente. Si participamos indignamente del pan y el vino (Jugo de uvas para los protestantes,) nos vamos a enfermar, debilitar o morir. (ver 1Cor11:30)

Seguimos leyendo este pasaje día a día, mes a mes, aunque sabemos que no es cierto. Técnicamente nadie es digno de acercarse a la mesa del Señor. A diario vemos morir a nuestros hermanos más consagrados, a la vez que los más sinvergüenzas ahí están, participando de la Santa Cena como si nada.

La primera vez que asistí a una de esas iglesias que invitan a TODOS los presentes a participar de la cena, casi me caigo de espaldas. Porque yo tuve que declarar públicamente mi fe en Jesús, cualificar para la clase de bautismo, tres cartas de recomendación, llevar la clase, bautizarme, y ser aceptado como miembro de la iglesia antes de poder tomar el pan y la copa en mi iglesia. Y durante todo este tiempo tenía que cuidarme de que no me vieran andando con malas gentes, haciendo cosas que pudieran considerarse como piedras de tropiezo para otros creyentes y un sinfín de reglas y regulaciones.

Y poco a poco, esta ceremonia fue cambiando para dejar de ser “en memoria de mí.”

Ya no creo en esa iglesia. Ese no es mi Jesús.

Mi nombre es Ricardo. Mi pequeñita luz, no deja de brillar.

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